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Tegucigalpa - “Patrón de patrones”,
“La reina del sur”, “las monjitas” o el
“Corrido del Padre Amaro”, son entre muchos los temas
musicales que hacen del narcotráfico y especialmente de
los capos de la droga, una especie de “héroes”
populares cuyas historias son contadas al mejor estilo de la narrativa
tradicional mexicana, de tal forma que han despertado, incluso,
el interés de grandes figuras literarias como Gabriel García
Márquez.
La fiebre de los narcocorridos ha traspasado fronteras y si bien
tienen su origen en México han invadido el mercado latinoamericano,
han llegado a Europa y por supuesto que tienen un nicho pletórico
en el sur de los Estados Unidos.
Honduras
especialmente es un mercado creciente de este sub género
musical según relatos de proveedores callejeros de discos
“piratas” y vendedores de casas dedicadas a la comercialización
regular de música que operan en Tegucigalpa.
Los nacocorridos, que han sustituido en gran medida las historias
épicas de los héroes revolucionarios, de los valientes
y vencedores de las guerras, de las historias de amores, desamores
y traiciones pasionales y en fin de esas vivencias cotidianas
cantadas y de sobra conocidas y relacionadas con la vida del común
ciudadano.
En el centro de la capital hondureña, donde a cada paso
se encuentran vendedores de música “pirateada”,
Walter Ortega, un hombre dedicado a este oficio, nos cuenta que
sus principales clientes van de acuerdo a la temporada. Él
explica que durante la período de clases en la secundaria
los adolescentes buscan mucho la música del momento que
por ahora es el reguetón que ya también incluye
en sus álbumes historias relativas a la droga, su tráfico
y consumo.
La
música copiada que se vende ilegalmente en las calles de
la ciudad y que también es ofrecida por vendedores ambulantes
que incluso visitan los barrios y colonias pregonando su oferta
musical tiene un auge significativo en Honduras. Pese a que en
este país centroamericano apenas el 2,8 por ciento de la
población tiene acceso al Internet, un sector de los que
pueden acceder a la red saca provecho ilícito de ella para
bajar y luego reproducir música, igual que ocurre en el
resto de la región.
Cuenta Walter Ortega, que los narcocorridos tienen demanda especialmente
entre personas que llegan del interior del país y agrega
que “esta música habla mucho del narcotráfico
e insita a que otros se aviven para hacer bien las cosas y entrar
al narcotráfico”.
El vendedor de discos compactos ejemplifica su criterio haciendo
referencia a una canción que se llama “Contrabando
en los huevos” y seguidamente se pregunta aludiendo el contenido
del tema musical “¿quien va ha creer que se pueden
quebrar los huevos y meterles cocaína?”.
Agrega
que los narcocorridos son música apetecida también
por policías a quienes les atrae la música grupera
y el género ranchero.
Martha
García, una vendedora ambulante de música, identifica
a sus clientes de narcocorridos como “gentes humildes que
no son de la capital y que normalmente compran cd’s de música
grupera”.
En
“El Palacio de la Música” una de las principales
casas vendedoras de música en Tegucigalpa, hablamos con
Yanina Fiallos, una dependienta, que nos cuenta que la demanda
musical depende la temporada y dice que actualmente la moda musical
la marca el reguetón y de los hit que tengan los cantantes
más populares como Shakira o Luis Miguel.
En
cuanto a los narcocorridos ella señala que no es la principal
oferta musical del establecimiento donde ella trabaja y que generalmente
hay álbumes que incluyen esos temas que de esa forma que
se venden en ese local.
José
Arturo Zúñiga un vendedor de “Camelot Music”,
nos cuenta que si bien los narcocorridos no son el principal género
musical que se vende en esa tienda el mismo si tiene una importante
demanda especialmente entre personas que vienen del sector oriental
del país.
Por
su parte, José Castro, otro joven vendedor acomodado en
un área de la calle peatonal del centro capitalino, dice
que los narcocorridos tienen un importante volumen de ventas y
los más solicitados son los compactos de los “Tigres
del Norte”, “Grupo Exterminador”, “Los
Tucanes de
Tijuana” y “Los capos de México”.
El
poder de los zares de la droga
“Me gustan los narcocorridos porque son los hechos reales
de nuestro pueblo” reza en su introducción el corrido
llamado “Jefe de jefes” de Los Tigres del Norte. Luego,
en el desenvolvimiento de este canto se hace una verdadera apología
al poder político y económico que posee un zar de
la droga y a lo largo de esta historia se relata la relación
de los cabezas de la narcoactividad con la policía, los
periodistas, y las autoridades en general.
Por supuesto que en esta historia como en muchísimas otras
también se advierte del precio que se paga por las traiciones
y se habla de la importancia que reviste el respeto a la jerarquía
como una condición para seguir en el “negocio”
o simplemente con vida.
Y
es que los narcocorridos son en realidad historias que relatan
las vivencias y experiencias de los jefes de los carteles hasta
de los más pequeños traficantes y sus rolles en
el procesamiento, transporte, comercialización y consumo
de la droga.
Pero estas historias también incluyen lo que ocurre en
ese sub mundo con los policías corruptos y honestos, inmigrantes
ilegales, matones a sueldo, pasiones amorosas, traiciones y venganzas,
agentes encubiertos, las narcolimosnas, los gobernadores y en
fin vivencias propias de la narcoactividad inspiradas en hechos
que son de conocimiento público y en algunos casos compuestas
a petición de los propios miembros de los carteles.
Los
narcotraficantes, figuras cotidianas
Para el sociólogo Ramón Romero, en Honduras
los nacocorridos son parte de la influencia de la cultura
mexicana que representan la transición de las antañonas
historias de prototipos machistas, sus duelos y combates para
dar el paso a un “nuevo héroe” representado
por delincuentes y especialmente narcotraficantes capaces de hazañas
impresionantes, sin importar que las mismas sean debidas o no.
Según el doctor, Romero, quien es experto en temas relacionados
a la seguridad ciudadana, los narcocorridos “son una apología
a la violencia altamente peligrosa para la sociedad porque cotidianiza
la presencia de los narcotraficantes en nuestra sociedad”.
Agrega que los corridos van acendrando entre la población
la idea que estos “nuevos héroes” no son cuerpos
extraños que debamos combatir y por lo tanto la droga y
lo que ella desencadena debe considerarse como un hecho normal.
En
cuanto a que sean los hondureños de tierra adentro los
principales clientes de este tipo de música Romero manifiesta
que ese solo es el resultado de que se trata de personas que crecieron
y han vivido escuchando música ranchera y que ven en este
sub género una prolongación de su música
sin tener plena conciencia de que están ensalzando al narcotráfico.
En
cuanto a la predilección que los policías tienen
por los narcocorridos, el sociólogo explica que en Honduras
la mayoría de los miembros del cuerpo policial tienen apenas
una formación educativa elemental que se reduce como sumo
a la educación primaria.
Indica que no hay fundamentos para pensar que se trate de algo
más que esto aunque agrega que como ocurre en otros sectores
de la sociedad se sabe que hay policías vinculados con
el tráfico de drogas.
Héctor Iván López, un hombre de aproximadamente
35 años, dedicado a la ganadería y originario del
departamento de Olancho, nos cuenta que le encantan los narcocorridos
porque “son un tipo de música que se liga con lo
que de verdad pasa y además son historias que tienen fuerza,
levantan el ánimo y dan ganas de no doblegarse cuando uno
se mete en algo”.
Lo expresado por este hombre, en el fondo, no varía mucho
de las opiniones de un sector de jóvenes universitarios
que ante la consulta también ligan el tema a la fuerza
del género y el mensaje de fortaleza que debe tenerse ante
cualquier adversidad sea que se actué lícitamente
o no.
Entre los estudiantes consultados en el campus de la Universidad
Nacional Autónoma de Honduras también hay jóvenes
que consideran los narcocorridos como historias que tratan de
hacer de los capos de la droga figuras de gran perfil, respetadas
y reconocidas socialmente. También
hay jóvenes universitarios que desconocen este tipo de
música.
En Honduras el narcotráfico es una de las formas del crimen
organizado con fuerte incidencia. Registros oficiales señalan
que en el año 2003 la policía de este país
incautó 6,168 kilos de cocaína; en el 2004 se registró
un decomiso de 3,906 kilos de la droga, en tanto en lo que va
de este año se han incautado cerca de 300 kilos de cocaína
en tierra firme y 6,760 kilos en embarcaciones con bandera hondureña
en aguas internacionales.
Lo cierto es que los narcocorridos son un género o sub
genero musical que cada vez se escucha más en Honduras,
una nación geográficamente fundamental en el corredor
de la droga.
Este
tipo de música refleja una realidad que no escapa a los
ojos de cualquier ciudadano que se informa por cualquier medio
de comunicación o que convive en su entorno con los protagonistas
de las historias hondureñas de los capos y sus secuaces
de cualquier nivel o estamento, donde la ilegalidad y la violencia
pasan a ser tan normales como los términos “narcopolítica”,
“narcoempresarios”, nuevos ricos, “narcopolicias”
o “narco-juniors”… y tristemente todo esto y
lo que conlleva ha dejado de sorprender al ciudadano común.
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