Hondureña
vive pesadilla en una prisión mexicana |
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“El dolor que sentí cuándo el director del penal me dijo que sería trasladada y tendría que abandonar a mis hijos, no lo puedo explicar con palabras. Es algo que no le deseo a nadie”. Ella fue encarcelada por violar la ley general de población y su esposo, Enrique Balam Estrella fue detenido al mismo tiempo, pero él por intento de homicidio. La ignorancia y la falta de recursos, mantienen a Mercedes aún en elpenal. Desde el momento de ser sentenciada tenía derecho a salir en libertadbajo fianza sí pagaba 6 mil 679 pesos, pero en tres años no ha logradoreunirlos.
Además ha cumplido ya el 50% de su condena, por lo que podría
cobijarse en el programa de preliberación, por su buena conducta. Mercedes dijo que estaba cansada de sufrir la discriminación de amigosy de la familia de su esposo y no poder acceder a un trabajo formal desde1995, cuando llegó a Chetumal, fue que decidió registrarse como mexicana en el registro civil de la comunidad de San Antonio Soda, municipio de Othón
En 1995 salió de su natal San Pedro Sula, Honduras en busca del sueño americano, pero el dinero no le alcanzo y se quedó en el sur de Quintana Roo. Narra que después de varios años, acudió a las autoridades del Instituto Nacional de Migración de Chetumal para acogerse al programa de repatriación y en primera instancia consigue que le extiendan el FM3 y viaja a Honduras en 1998, a visitar a sus familiares después de que el huracán Michimpactará a ese país. Pero en el 2002, fue detenida y remitida al Cereso, por el uso de documentos falsos. El
miércoles 23 de noviembre iba a ser trasladada junto con otros
99 reos a otras cárceles del país. Pero su llanto, angustia
y desesperación originó que las autoridades penitenciarias
decidirán no transferirla. “Tejo vestidos, bolsas y chambritas para poder comprar la leche, pañales y la ropa de mis hijos. Pero estos trabajos son muy mal pagados”, señaló. El buen comportamiento que ha demostrado en los tres años de reclusión, le han servido para ganarse la confianza y la amistad del personal penitenciario. Incluso, a una de las celadoras le había pedido que se quedara con sus dos hijos en caso de que fuera llevada a otro penal. |
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