Redacción Proceso Digital

  • La transición hacia un nuevo cuatrienio revela interioridades de los grupos de poder y la movilidad de las piezas del ajedrez político
Tegucigalpa - ¿Existen grupos que influyen más que el propio presidente en los destinos de los pueblos?, definitivamente la respuesta es positiva y es general para cualquier democracia del mundo. Eso se hace sentir en las naciones del primer mundo pero tampoco escapan los países latinoamericanos, como Honduras, con formas de gobierno incipientes, débiles y marcadas por las desigualdades sociales.

Los grupos en la sombra, los operadores políticos, los “lobbistas”, negociadores o como quiera usted llamarles no descansan ni un momento, operan permanentemente al margen de los poderes legalmente constituidos, en muchas ocasiones ejercen un poder mayúsculo y en otras hasta total en los destinos de una nación.

Son sectores que usan la razón, la información, manipulan el poder y ejercen la influencia necesaria en los estamentos públicos, privados y en los medios de comunicación con tal de lograr el particular éxito deseado.

En algunas naciones como la estadounidense su influencia es directa y se da especialmente en el poder Legislativo. En ese país grupos de “lobby” como el judío gozan de alta influencia internacional.

Estados Unidos incluso cuenta con la Federal Regulation of Lobbying Act que regula esta actividad desde 1946.

Así en las estructuras de poder del Pentágono están incrustados expertos y tecnócratas que manejan las estructuras de poder y que una vez que dejan sus posiciones pasan a formar parte de fundaciones o consorcios mediáticos, desde donde operan en pro de negocios e ideas particulares.

De esta manera corporaciones mediáticas, empresas militares, armamentistas, financieras, tecnológicas y petroleras hacen una gigantesca telaraña para proteger o incrementar sus nichos de poder mediante los “lobbistas” que tejen vasos comunicantes extendidos infinitamente.

Aunque no acuden a una universidad para formarse expresamente en el tema los “lobbistas” son cerebros especializados en información restringida o confidencial, pero básicamente clave para sus intereses, conocen detalles que para el común de los mortales pasarían desapercibidos, saben aparecer y desaparecer apropiadamente de los ambientes públicos o privados todo con el fin de obtener o difundir información clave para su causa.

De modo que estos grupos o personajes que circulan regularmente en los ámbitos políticos, sociales, periodísticos han ampliado su campo de acción hacia la sociedad civil, un componente de los sistemas democráticos que, si bien ha estado allí, ahora ha pasado a protagonizar un primer plano, marcado por la necesidad de los gobiernos y la burocracia internacional de avalar los procesos con la participación amplia o al menos aparentarla.

Bajo este esquema cualquiera de los grupos antes mencionados o cualquier individuo particular es una pieza clave siempre y cuando tenga información relacionada con el poder o pueda operar algunas puertas o pasadizos indispensables.

En este rubro todos valen, todos los que manejen información, desde el conserje, la secretaria, la encargada de servir el café hasta los máximos representantes del estado, sin dejar de pasar por empresarios, parlamentarios, periodistas, líderes de opinión y grupos opositores, todos los que posibiliten el logro de los objetivos antes que los competidores.

El “lobbista” tiene una agenda preestablecida, controla el tiempo, crea las circunstancias adecuadas, usa la información y salta el momento preciso.

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