5Dic03 (IAR-Noticias) Por Rodrigo
Guevara
Guerra
y "capitalismo sin fronteras"
Las
guerras imperiales de conquista como la que EE.UU. lanzó
contra Irak no se hacen por razones ideológicas sino
por necesidades de conquista económica.
Estados
Unidos, indiscutible potencia "unipolar" del capitalismo
dominante, no es una excepción en la materia. Su
abrumante superioridad tecnológica-científica-militar
está (como estuvo el poder militar de otros imperios)
al servicio de la expansión económica-planetaria
de sus bancos y trasnacionales.
El concepto
de "capitalismo transnacional" significa en la
era informática, la presencia de un "capitalismo
sin fronteras" asentado en dos pilares fundamentales:
la especulación financiera informatizada (con asiento
territorial en Wall Street) y la tecnología militar-industrial
de última generación (cuya expresión
máxima de desarrollo se concentra en el Complejo
Militar Industrial de EEUU).
El modelo,
impulsado en la década del 90 por el llamado Consenso
de Washington, respondía a un nuevo proyecto estratégico
de desarrollo y acumulación expansiva del capitalismo
financiero transnacional, en la era de las comunicaciones
digitales.
La
combinación interactiva de las redes informáticas,
el sistema satelital y las telecomunicaciones, posibilitaron
la era de los mercados informatizados y sin fronteras.
Así
nació la era de la globalización financiera.
La industria del dinero especulativo en alta escala. El
dinero como productor de dinero. Circulando sin barreras.
El dinero como un producto en sí mismo. El dinero
informático. Reproduciéndose a velocidades
increíbles a través de los continentes.
De esta
manera se consumó el proceso de acumulación
y concentración capitalista más asombroso
de toda la historia. La llamada burbuja financiera o "exuberancia
irracional". Con base territorial y operativa en Wall
Street.
Como
prueba más fehaciente: el índice Dow Jones
tardó 100 años en alcanzar los 5000 puntos.
Y en solo 3 años superó la barrera de los
10.000 puntos, en la década del 90.
En Wall
Street, el templo supremo del dinero sin fronteras, se cotizan
anualmente títulos, bonos y acciones por 12 billones
de dólares. Casi el equivalente a 2 veces el PBI
anual de 180 países en vías de desarrollo.
Es dinero
volátil. Reproduciéndose y concentrándose
a escala planetaria. Pero con un punto de regreso y refugio
preciso: la Reserva Federal norteamericana. El capitalismo
no tiene fronteras. Pero el dólar, su moneda patrón,
solo atiende en EE.UU.
La
combinación del superpoder militar de Estados Unidos
con el superpoder económico-financiero de Wall Street,
dió como resultante el imperio único, cuyo
radio de influencia y dominio abarca a 121 países
en los cuales Estados Unidos tiene presencia directa o influencia
militar en estos momentos.
Siempre
existió una relación concreta entre las guerras
de EEUU, el petróleo, la venta de armas, y la expansión
del poder capitalista global concentrado en Wall Street
y en las metrópolis financieras europeas.
Puede
decirse, contradiciendo la opinión de algunos analistas,
que no existe un capitalismo petrolero-armamentista por
un lado, o un capitalismo bancario-financiero por el otro.
Ambos
son la cara de una misma moneda. En las guerras como en
la "pax" del imperio, las petroleras, el complejo
militar-industrial y la catedral financiera de Wall Street
funcionan desigual y combinadamente encuadrados en un mismo
objetivo: la búsqueda de expansión y acumulación
de la ganancia capitalista a escala planetaria.
El
complejo entramado de "vasos comunicantes" entre
el capitalismo financiero, tecnológico, industrial,
de servicios, informático y comunicacional revela
un grado increíble de concentración, diversificación,
e intereses comunes de las megacorporaciones transnacionales
que se dividen el planeta como un gran mercado.
Tanto
las "cuatro grandes" contratistas del complejo
militar-industria (Lockheed Martin, Boeing, Raytheon, General
Dynamics), como las "cuatro hermanas" (Exxon-Mobil,
Chevron-Texaco, Royal Dutch Shell y BP) que monopolizan
la extracción y comercialización del petróleo
a escala mundial, cotizan sus acciones y se capitalizan
en la bolsa de Wall Street.
Y como
ya sucedió en Yugoslavia, en Afganistán, y
ahora está sucediendo en Irak, detrás de los
aviones, los tanques, y las "bombas inteligentes"
siempre llega un ejército de lobbistas, consultores
y representantes de los bancos y grupos de inversión
de Wall Street dispuestos a "invertir" en la reconstrucción
de las infraestructuras e instalaciones destruidas por los
bombardeos.
Detrás
de cada cada guerra, están los fabricantes de armas
que extraen su ganancia capitalista del billón de
dólares anuales destinados a los presupuesto militares.
Están las petroleras y gasíferas que explotan
y regulan los mercados multimillonarios del petróleo
y la energía. Están los megabancos y megagrupos
de inversión de Wall Street (Citigroup, Goldaman
Sachs y J.P.Morgan-Chase) que embolsan fabulosas sumas "financiando"
las "recontrucciones" de los países arrasados
por los misiles y las bombas inteligentes.
Y también
las poderosas trasnacionales industriales como Ford o General
Motors, o los megaconsorcios de la electrónica y
de la informática como IBM o Microsoft, las líderes
de la llamada "nueva economía" y de la
tecnología de última generación, que
suscriben contratos por miles de millones de dólares
con el departamento de Defensa de los Estados Unidos.
Todo
este complejo entramado de intereses capitalistas están
entrelazados entre sí por medio de fusiones, de accionistas
y de estructuras societarias anónimas, o por el simple
hecho de compartir los mismos directivos y accionistas.
Conforman
las redes del capitalismo globalizado, cuyas filiales y
casas matrices pueden estar en Europa, Asia, o en cualquier
continente, pero sus redes operativas centrales tienen su
terminal en Wall Street o en el Complejo militar-industrial
de EE.UU.
Sus
directivos y gerentes son a su vez funcionarios del Estado,
de la Justicia o del Poder Judicial de la potencia hegemónica,
y cuya función en el cargo es la de hacer lobby en
favor de los intereses de la red de transnacionales que
representan.
La ocupación
militar de Irak no es obra exclusiva de un grupo de halcones
militaristas mesiánicos en cabezados por W Bush.
Ellos apenas representan la parte gerencial-militar de un
complejo entramado de intereses económicos y financieros
cuyos planes de conquista y expansión nunca se detienen.
Las
administraciones de turno de Washington sólo representan
su cara más brutal y visible por medio de las cual
se desvian las reales motivaciones de explotación
económica que conllevan las guerras por conquistas
territoriales del imperio americano.
Detrás
de la invasión y ocupación militar de Irak,
están los bancos, petroleras, gasíferas, fabricantes
de armas, medios de comunicación, tecnología
aeroespacial, informática, laboratorios, biotecnología,
industria, construcción, electrificadoras, y todo
lo que existe en el mundo del capitalismo globalizado y
sin fronteras.
Es
precisamente la historia que no cuentan los "analistas"
y corresponsales de las cadenas internacionales de noticias
que relatan la guerra y la ocupación militar como
si fuera un partido de fútbol entre "buenos"
y "malos".
Y con
estructuras mediáticas financiadas por avisos comerciales
de las mismas multinacionales que se benefician económicamente
con las masacres cíclicas de la maquinaria bélica
norteamericana.
El
poder "locomotora" del Imperio
Es ingenuo
reducir el accionar del imperio angloamericano (potencia
regente del capitalismo a escala mundial) a una aventura
de halcones-guerreristas-petroleros nucleados en el gabinete
de Bush.
Decir
que las guerras imperialistas son particularmente "petroleras",
o "armamentistas", o "financieras",
es reducir la comprensión del fenómeno capitalista
como totalidad interactiva.
El
capitalismo trasnacional funciona como un proyecto totalizado.
No
solamente conquista militarmente y explota recursos naturales
y mano de obra de los países dominados. También
somete financieramente, maneja y legitima gobiernos títeres
funcionales a sus intereses, direcciona y modela conductas
sociales mediante la prensa y los periodistas cómplices,
y nivela necesidades de consumo iguales a para todo el planeta.
Los
Cheney, los Rice, o los Rumsfeld, o el propio W. Bush son
simples ejecutores de estrategias militaristas de Estado,
cuyos objetivos reales se asientan en las frías matemáticas
capitalistas de los altos ejecutivos de las transnacionales
y los bancos de inversión de Nueva York o de las
metrópolis europeas.
Militarmente
EEUU se comporta como lo que es: la potencia regente unipolar,
el Estado imperial del capitalismo planetario, el gendarme
armado del mundo explotador, cuyo poder científico-
económico- tecnológico- militar supera al
de todas las potencias juntas de Europa o de Asia.
La abrumante
supremacía militar y tecnológica de EE.UU.
es tan funcional y necesaria al capitalismo explotador,
como la policía es necesaria para proteger de sus
víctimas al usurero.
Es imposible
pensar la explotación del hombre por el hombre realizada
por el capitalismo, sin el poder militar-tecnológico-imperial
detrás.
Estadísticamente,
en el desarrollo histórico de todos los procesos
imperialistas de la humanidad, primero estuvo la conquista
militar- territorial, luego la conquista y el sometimiento
económico, luego la colonización cultural,
y hoy, en la era de la informática y las comunicaciones
digitales, la colonización mediática, que
cierra el círculo de dominación en la cabeza
del sometido.
Estados
Unidos es el dueño de la moneda patrón del
mundo: el dólar (el 80% de las transacciones internacionales
se efectúan en esa moneda). Es el propietario de
la Reserva Federal, del Complejo militar-industrial más
poderoso del planeta, del poder tecnológico-informático
mundial situado en Silicon Valley, y del templo financiero
de Wall Street (la meca del capitalismo mundial).
Es el
dueño real del FMI, de la ONU, de la OTAN y de todas
las instituciones multilaterales de crédito. Su PBI
anual es igual al de las nueve primeras potencias capitalistas
juntas, y equivale a la producción anual de más
de 180 países del área subdesarrollada del
mundo.
Matemáticamente,
su poder representa entre el 50 y el 60% de todo lo que
hay en el planeta, y es el propietario del arsenal nuclear
y militar más grande del planeta (capaz de destruir
decenas de veces la Tierra).
Y por
si eso no bastara, es el dueño de Hollywood y de
las cadenas televisivas y radiales más poderosas
del planeta.
El
desarrollo expansivo del capital transnacional (industrial,
tecnológico o financiero) está atado al rol
y al poder militar-guerrerista del Estado imperial norteamericano.
La expansión
en el exterior de las corporaciones multinacionales se apoya
en el arsenal nuclear y en la maquinaria militar de la potencia
regente.
El Estado
imperial locomotora, y los Estados "vagones" de
sus socios menores europeos, regulan los mercados, y protegen
sus intereses en el mundo dependiente protegidos por la
maquinaria militar-guerrerista de los halcones estadounidenses.
La fórmula
de la locomotora imperial y de sus socios (inestables) capitalistas
de Europa se resume en un axioma: libre mercado y destrucción
de los estados nacionales en el mundo dependiente, estado
nacional y proteccionismo estratégico hacia adentro
de sus fronteras.
Nucleados
formalmente dentro de la OTAN, el gran Estado locomotora
militar- imperial de USA y sus países socios, protegen
las estrategias conquistadoras de sus transnacionales extendidas
por toda la geografía dependiente de Asia, Africa
y América latina.
Un informe
del Financial Times de mayo de 2002, analiza que casi un
48% de las mayores compañías y bancos en el
mundo son de los EE.UU. y un 30% son de la Unión
Europea, sólo 10% son japoneses.
En síntesis,
casi 90% de las mayores corporaciones que dominan la industria,
la banca, y los negocios son estadounidenses, europeas o
japonesas. Africa y América Latina no figuran en
la lista.
Cinco
de los 10 principales bancos, seis de las 10 principales
compañías farmacéuticas y/o biotecnológicas,
cuatro de las 10 principales compañías de
telecomunicaciones, siete de las principales compañías
de tecnologías de la información, cuatro de
las principales compañías de petróleo
y gas, nueve de las 10 principales compañías
de software, cuatro de las 10 principales compañías
de seguros y nueve de las 10 principales compañías
de comercio minorista, son estadounidenses.
La concentración
de poder económico de los EE.UU. es aún más
evidente en el círculo de las mayores compañías,
donde los Estados Unidos tienen una abrumadora presencia
y dominio.
Entre
las 10 principales transnacionales del mundo: 90% son propiedad
estadounidense; de las principales 25, 72% son propiedad
estadounidense; de las principales 50, 70% son estadounidenses
y de las principales 100, 57% son propiedad estadounidense.
Los
flujos de los sectores financiero, farmacéutico,
de software y de seguros están formados por las diez
principales compañías estadounidenses y europeas.
Los
mercados mundiales están divididos entre las principales
238 compañías y bancos de los EE.UU. y las
153 de la Unión Europea, y el 80% de las principales
corporaciones de petróleo y de gas son propiedades
estadounidenses o europeas.
La concentración
del poder económico mundial en las corporaciones
y bancos norteamericanos, y en menor medida, en los de la
Unión Europea, revela claramente la condición
de "socios principales" de los países europeos
en las estrategias económico-militares de EE.UU.
por todo el planeta.
Claves económicas de la conquista de Irak
Ninguna
administración de Washington inicia una guerra, sin
el aval o el consentimiento del poder real del capitalismo
norteamericano con asiento en Nueva York.
La maquinaria
política y administrativa del Estado imperial norteamericano
está en función de las necesidades expansivas
de sus bancos y trasnacionales. Los propios funcionarios,
integrantes del Gabinete o legisladores son empleados o
altos directivos del poder económico.
Como
ya se dijo más arriba, el capitalismo petrolero o
armamentista del Pentágono, es parte integral y funcional
del capitalismo financiero con sede en Wall Street y en
las metrópolis europeas.
Bush
y sus halcones militaristas, como lo fueron Clinton y su
troupe bancaria, son operadores circunstanciales de las
necesidades estratégicas de un capitalismo que, más
allá de sus competencias internas entre "halcones"
y "moderados", funciona en una interacción
económica - militar totalizada.
Clinton,
Rubin, y el Consenso de Washington lanzaron la "burbuja
financiera" de libre mercado y capitalismo sin fronteras,
pero también lanzaron la invasión militar
a Yugoslavia con el objetivo de expandir el capitalismo
hacia los ex países comunistas de Europa del Este.
Bush
y sus halcones petroleros representan una extensión,
por otras vías, de ese capitalismo transnacional
que hoy ejercita una política expansiva de doble
vía por todo el planeta.
Por
un lado articulan sus estrategias capitalistas con gobiernos
títeres y democracias formales con las que legitiman
sus negocios; por el otro, el Estado militar-imperial y
la CIA desestabilizan gobiernos rebeldes o invaden países
al más puro estilo de los imperios militares más
descarnados, como lo están haciendo en Irak.
En los
90 la especulación financiera obró como la
fuerza motriz principal de la ganancia capitalista, sobre
todo en Asia y Latinoamérica.
Hoy
la conquista militar se dirige a los centros estratégicos
del petróleo y la energía, vitales para la
supervivencia de la sociedad de consumo norteamericana y
del occidente capitalista.
Estos
nuevos polos de expansión y desarrollo capitalista
son claves para la superación del declive de la "
burbuja" especulativa del capitalismo financiero de
los 90.
Las
" cuatro hermanas" del petróleo, o las
cuatro contratistas mayores del Complejo Militar Industrial
norteamericano, son hermanas siamesas de los bancos y grupos
de inversión sintetizados en el Citigroup o el Morgan-Chase.
El poder
económico, la base del Estado militar-imperial norteamericano,
se concreta en cifras estadísticas, en números,
en los dos billones de dólares del presupuesto de
los Estados Unidos. Billones de dólares aspirados
principalmente por la explotación financiera y la
monumental transferencia de recursos desde los países
dependientes.
Este
proceso fue potenciado por el desmantelamiento de los Estados
nacionales y de sus legislaciones protectoras, realizado
por el modelo de "libre mercado" con apertura
irrestricta de sus economías, que dejaron a los Estados
dependientes (Argentina como el caso más extremo)
sin el manejo de sus recursos y en manos de la voracidad
del capital financiero.
Hoy
la dinámica capitalista, con economías, tanto
centrales como dependientes, en crisis y en recesión,
orienta nuevamente su reactivación hacia el petróleo
y el desarrollo de la tecnología y la industria armamentista.
Desde
la última Guerra Mundial, el gasto
militar ha sido el instrumento privilegiado de la reactivación
del Estado imperial y de sus asociados.
El
Complejo militar-industrial con sus megaproyectos financiados
por el capitalismo de Wall Street, fue el motor principal
de la reactivación económica estadounidense.
La recuperación
norteamericana de 1982-90 se sostuvo en un incremento del
50% de los gastos bélicos, que a su vez determinaron
un salto de la deuda pública de EE.UU., del 27% del
PBI en 1980 al 63% en 1993.
En
ese lapso, EE.UU. llegó a invertir el 66% de su presupuesto
de investigación en el área militar, contra
el 19% de Alemania y el 9% de Japón.
Con
la invasión y la ocupación de Irak nuevamente
la reactivación económica del imperio apuesta
a la economía bélica y a un avance de sus
trasnacionales industriales y financieras montadas en la
invasión militar.
En este
proyecto estratégico, la conquista de Irak no está
pensada solamente en función del petróleo
y de las armas.
La posesión
del petróleo iraquí obrará como fuente
de inversión de un nuevo proceso de acumulación
a través de la "reconstrucción"
y la "modernización" del país después
de la destrucción militar.
Infraestructura,
carreteras, electrificación, construcción
, entre otras, conforman los sustentos básicos de
gigantescos proyectos de inversión provenientes de
los megagrupos y megabancos de Wall Street y de Europa.
Como
dicen algunos patricios del capitalismo neoyorquino en la
intimidad :"vamos a construir un nuevo Iraq con el
petróleo iraquí"
Con
Irán y su petróleo perdieron a fines de los
70 a su principal bastión de acumulación capitalista
en la región. Veinte años después,
se apoderaron de Irak para desarrollar una nueva plataforma
económica de expansión y cerrar su control
militar estratégico sobre el Medio Oriente y el Golfo
Pérsico.
Después,
si antes no les estalla el mundo en las manos, apuntarán
a la recaptura de Irán y su petróleo, y desde
allí intentarán reedificar un nuevo megaproyecto
de acumulación capitalista similar al pensado para
Irak.
Con
la ocupación militar de Irak, Irán quedó
geopolíticamente aislado y militarmente rodeado por
la maquinaria militar y las bases de EEUU instaladas en
su frontera.
La futura
invasión militar a Irán ya está escrita
y planificada por los estrategas del Pentágono, y
figura como prioridad en la agenda de Bush y sus halcones.
Pero
esa nueva escalada guerrerista-expansiva está sujeta
a dos factores principales: la evolución de la resistencia
iraquí y la relación con sus aliados "inestables"
de la ONU, p rincipalmente con Francia, China y Rusia.
Tomado
de iarnoticias.coml