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‘The Movie Business Book’: Hollywood ante el precipicio |
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| 20 de junio de 2006 | |||
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‘El juego de Hollywood’ refleja muy acertadamente las viejas transformaciones (ley anti-Trust y estrellas liberadas de los estudios que pedían porcentaje en taquilla) y los últimos cambios que la industria del cine norteamericano ha sufrido. En los
setenta La guerra de las galaxias cambió la faz de Hollywood:
había que estrenar con miles de copias a la vez y en todo el
mundo, había que desarrollar los productos derivados. En los noventa vinieron las grandes absorciones financieras. Los conglomerados mediáticos se harían con el control de los estudios. La mitad de la propiedad de las llamadas majors quedó en manos extranjeras. El ejemplo más llamativo fue la compra de la mítica Columbia Pictures por parte de la japonesa Sony. De ahí el chiste de Robert Altman en el film homónimo ‘El juego de Hollywood’, cuando vemos, en su arranque, a los japoneses pasear por los estudios como si de un parque temático se tratase. Con la entrada del nuevo siglo, llega la lluvia de remakes, la globalización y la duda, una crisis evidente tanto en ideas como en ingresos y en la rentabilidad de un negocio dependiente de factores impredecibles. Nadie, en Hollywood, ha sabido nunca qué funcionará o no. Internet, además, en vez de ser el nuevo e ilimitado terreno de ingresos que se anunciaba, se ha convertido, en gran medida, en un enemigo por culpa de las millones de descargas ilegales o de la piratería. El futuro de Hollywood, con films que no se han desinflado pero que sí han dado menos dinero del estimado como King Kong o El código da Vinci, es verdaderamente incierto. Quien sabe si con esta nueva crisis, y como sucedió en los sesenta, surgen nuevos talentos que hagan temblar los cimientos de una industria siempre encorsetada y sumamente conservadora. Los expuestos
son síntomas de un cambio, pero no radical de momento. Hollywood
sigue las viejas consignas de los negociantes y continúa apostando
más por las estrellas y los efectos especiales que por las
historias o la renovación del lenguaje. “La
nueva y más dura raza de agentes define sus méritos
según un nuevo conjunto de normas, que tienen que ver con ser
empaquetadores, políticos, captadores de inteligencia e intercambiadores
de información para congraciarse consigo mismos y ser considerados
inconfundibles a la hora de competir. Tomado del Periodista Digital |
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