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| 28
de julio de 2006 Redacción Proceso Digital |
Tegucigalpa
- La situación del Programa Nacional de Prevención, Rehabilitación
y Reinserción Social de Personas Vinculadas a Pandillas (PNP)
es la crónica de una muerte anunciada. El PNP fue creado mediante decreto número 141-2001, aprobado durante la administración liberal de Carlos Roberto Flores y en la gestión legislativa de Rafael Pineda Ponce, con el fin de hacer frente a la creciente violencia que, a la sazón, generaban los integrantes de las pandillas. El coordinador del proyecto, Guillermo Jímenez denunció que desde enero de este año, el Poder Ejecutivo se ha negado a traspasar los 6.7 millones de lempiras que necesitan para poder continuar con sus actividades de rehabilitación. A raíz de esa situación de insolvencia financiera, el poco personal que labora en el PNP tiene más de seis meses de no recibir salario y otros tuvieron que renunciar o fueron cesanteados por la falta de fondos. En vista que las solicitudes que se han hecho al Ejecutivo por diferentes vías no han tenido respuesta, el coordinador del programa optó por enviar una carta al presidente Zelaya para exponerle la delicada situación del centro y de su respuesta depende la existencia del PNP. Según
conoció Proceso Digital en su momento,
el propósito de los políticos de casa de gobierno es ahogar
el proyecto financieramente y de esta forma obligar al personal ejecutivo
y administrativo a renunciar a su cargos, y de esta forma tomar el control
del mismo. El personal del proyecto teme que éste pueda caer en manos de políticos o personas que desconocen el tema, ya que aquí se manejan los nombres y direcciones de más de un centenar de pandilleros que han dejado la mara y que sus vidas corren peligro en caso que esa lista llegue a manos de sus ex compañeros. Los 6.7 millones que se hasta el año pasado se asignaban al PNP eran distribuidos en unas diez organizaciones que trabajan en actividades de rehabilitación de pandilleros, entre ellas la que dirige el obispo auxiliar de San Pedro Sula, Rómulo Emiliani, pero lamentablemente este año no han recibido ni un cinco. “Nosotros tenemos una bolsa de solicitudes para proyectos que no les hemos dado respuesta porque no se ha hecho efectivo y ha sido retenido el presupuesto para el Programa Nacional de Prevención”, dijo Jiménez. Otro punto lamentable, es que raíz de la situación inestable de este importante proyecto, se perdió un importante apoyo de tres millones de dólares del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Se estima que en Honduras operan unos 60,000 pandilleros, pero otras instituciones como el Movimiento Juvenil Cristiano, que trabaja en ese campo, estima que el número se acerca a los 100,000, incluyendo a simpatizantes, familiares y ex mareros. De acuerdo a investigaciones, el 77 por ciento de los miembros de las pandillas se asoció a ellas antes de los 15 años y el 97.8 por ciento del total de mareros se encuentra entre los 12 y los 25 años de edad, lo que denota que se trata de un fenómeno, cuyos principales protagonistas son niños, adolescentes y jóvenes. Paciencia
llega a su fin
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