Desde el
viernes el anterior, el gobierno desplegó un inusual contingente
militar que incluyó tanquetas y equipo motorizado, lo que provocó
el asombro y el malestar de la población capitalina, ya que consideraron
la medida como innecesaria y desproporcionada.
Muchos ciudadanos se pronunciaron en contra de la exagerada presencia
de soldados en las calles, pues consideraron que la represión
y la intimidación por medio de las armas, no es la forma de enfrentar
el descontento popular por las alzas constantes a los combustibles y
a otros productos de primera necesidad.
Para algunos este tipo de despliegues militares solo hacen recordar
a los hondureños los aciagos años de los golpes militares
y contradicen los postulados del “Poder Ciudadano” que llevó
a la presidencia a Zelaya Rosales.
El presidente Zelaya arguyó que la militarización de la
capital fue ordenada para mantener el orden, la seguridad y garantizar
el estado de derecho en el país.
Indicó que su deber como gobernante es mantener el orden, preservar
la paz y la libre circulación de bienes y personas en el país
y evitar que se perjudiquen los derechos de los demás.
No obstante, dijo que ya giró instrucciones al estado Mayor de
las Fuerzas Armadas para que procedan al repliegue de los efectivos
militares y sólo se dejará el personal necesario para
brindar seguridad a los bienes públicos.
El gobernante también indicó que la decisión de
retirar las fuerzas militares de la capital obedece a un deseo de su
gobierno de que las marchas del 1 de mayo, Día del Trabajo, se
realicen en plena libertad, paz y convivencia.
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Apuntó
que las marchas serán vigiladas por las fuerzas de la policía,
pero únicamente para dar seguridad a los marchantes que
acudirán a las celebraciones y evitar que gente ajena a
la celebración puedan aprovecharse para causar disturbios. |
Por su
lado, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, general Romeo
Vásquez Velásquez, dijo que como institución disciplinada
procederán al retiro de los efectivos militares de la ciudad,
pero se mantendrán pendiente de un nuevo llamado del alto mando
militar.